En cien años cambian muchas cosas y suceden otras más. Sobre todo en estos últimos cien años. Desde que naciera Illa de Riu en 1917 hemos visto al ser humano llegar a la Luna, hemos visto a los vehículos ser cada vez más rápidos, cómodos y seguros, acortando las distancias entre las personas,…

En cien años han cambiado muchas cosas pero lo que no cambia es nuestra pasión por el cultivo del arroz. El Delta del Ebro es la cuna de la que brotan los cereales que amamos y a los que tratamos con cariño. Nuestros abuelos nos legaron trabajo y dedicación y este mismo rigor por hacer las cosas bien y con estima por la tierra ha sido nuestra constante.

Hay cosas que, sin cambiar, se intensifican. Cien años han dado para estrechar lazos con nuestros trabajadores y antiguos colonos. Sin ellos Illa de Riu no sería la misma. Hemos reído juntos, hemos trabajado duro y hemos visto llegar a buen puerto el trabajo de años y años de esfuerzo compartido.

Es por este motivo que celebramos nuestro centenario con todos ellos, con todos vosotros, en definitiva. Porque las buenas tradiciones hay que conservarlas y no hay nada mejor que celebrar un buen banquete con  nuestra familia y nuestros trabajadores, actuales y jubilados, también con los colonos que habéis posibilitado que Illa de Riu haya llegado al siglo de vida con una salud de hierro y una alegría dignas de un adolescente.

Un buen ágape en la finca Illa de Riu con un menú degustación elaborado por Pla dels Catalans y culminando en un buen pastel. Por supuesto, nos acompañaron también nuestras variedades Bomba, Carnaroli y Bahía. Un festín, celebrando que hay cosas que cambian pero que nuestra pasión por el arroz se mantiene intacta.

Por muchos años más. Gracias de corazón familia, trabajadores de ahora y de antes, colonos y gente que aparecíais nuestro esfuerzo por llegar a vuestros paladares.

 

 

 

08 de Noviembre de 2017

El risotto y el arroz Carnaroli

El Ebro, bocanada de agua que desemboca en el mediterráneo. Cultura ancestral con una tradición arraigada basada en el comercio y en el intercambio. Saberes que fluían entre la Magna Grecia y la Península Ibérica, también por la Península Itálica y el norte de África. Marineros que amaban la astronomía y que recogían de cada puerto un saber y lo trasladaban a otro lugar. Mestizaje como valor positivo. Marco Polo, Renacimiento y pasta. A Italia le debemos su saber hacer con los cereales convertidos en pizza o en espagueti. También sus macarrones, con su salsa boloñesa o al pesto, nos encandilan. Italia nos legó una gastronomía particular. Pero también hay una cosa que Illa de Riu puede aportarle a esta tierra fundada por Rómulo, amamantado por una loba, según insinúan las leyendas. Nuestro arroz Carnaroli, de origen italiano, es ideal para elaborar a fuego lento, ahora que se aproxima el frío, un Rissotto.

Sus granos de arroz, grandes y consistentes, soportan bien las cocciones a fuego lento debido a su alto contenido en amilosa. La esencia del caldo que lo acompañará será absorbida con solemnidad por cada grano. El placer consistirá en sentir casi derretir el arroz en contacto con la lengua. Casi se podrá sentir un saxofón evocando melodías íntimas mientras afuera el frío ralentizará el tiempo.

Si hay Ganas de probar nuestro arroz Carnaroli Illa de Riu para comprobar la veracidad de lo expuesto, ahora podrás elaborarlo tú mismo gracias a la receta de Risotto con cúrcuma y setas que nos brindó el blog Llepadits utilizando nuestros productos para tal fin.

Illa de Riu, el mediterráneo degustado. El Risotto navegando en nuestro paladar.

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Reflexión sobre el tempo. Llegado el otoño y acabada la siega el compositor veneciano Antonio Vivaldi establecería para esta estación tres tempos, a saber: Allegro, Adagio molto y regreso al Allegro.

El primero de estos tempos podría corresponderse con el trabajo de la misma siega del arroz. Momento crucial en el que un ritmo alto se impone. La constante ida y venida de los tractores y de los trabajadores van desnudando el campo de las espigas que antes lo velaban.

Luego, casi de repente, llegaría el Adagio molto, la ralentización necesaria del mundo en el que las fotografías parecerían paralizar los relojes, congelar la cotidianeidad. El campo cansado haría el holgazán durante un periodo para poder recuperar sus fuerzas y ganas de parir más arroz. Desnuda la tierra comenzaría a quebrarse para luego resurgir con más fuerza.

Regreso al Allegro. Vivaldi entiende que una ralentización sería necesaria en un inicio. Sin embargo, después habría que volver a moverse. Las temperaturas bajas se combaten con el movimiento. A parte, el trabajo en el campo requiere respetar los tiempos de la tierra. El campesino habría de estar pendiente de ésta para asegurar su buen progreso y descanso. El campesino siempre está al pie del cañón y después de un tiempo de recogimiento volvería con más energías.

Arroz Illa de Riu baila al compás de Vivaldi, porque respetar los tempos hace que los arroces sean más gustosos y de calidad. Adagio y Allegro, compartimos nuestro otoño con ustedes.

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28 de Septiembre de 2017

Illa de Riu, la vida sencilla

La vida sencilla es la que gusta de vivir el campesino y ahora llega tiempo de guardar. De los campos a los graneros y un silencio nostálgico es roto por un rayo. Empieza el otoño y algunos días amenazan con aguaceros, otros con soles vigorosos. En realidad la naturaleza no amenaza, nos regala todo su potencial, aunque a veces parezca indómita. Una vez llegados al almacén el payés respira más tranquilo y comienza a degustar el fruto de su trabajo.

Suspiros al mirar por el rabillo del ojo el trabajo duro de todo un año. Los pies en el suelo, las manos sosteniendo el presente y la cabeza ya puesta en un futuro cercano, la próxima siembra. Quizás se piense en lo que ha de llegar antes de ésta, en la preparación de las tierras, que poco a poco se irán secando hasta quebrarse.

Los surcos del azar y del tiempo marcan el barro mostrando lo frágil que uno se siente ante la meteorología, lo que uno ha de trabajar para poder sacar adelante el trabajo con su sudor, las semillas que se convertirán en granos de arroz. En Illa de Riu decimos sí a esta fragilidad porque ella nos invita a ser cuidadosos con nuestros retoños, delicados también.

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La alegría y la nostalgia nos acompañan durante estas fechas. Miramos atrás y vemos un año entero de preparación, miramos enfrente y nuestros granos de arroz ya están a punto. Nuestros campos están a punto para un corte de pelo que nos regalará nuestras variedades tan queridas como son Carnaroli, Bomba y Bahía.

Damos gracias a la meteorología por habernos respetado y al sol por su generosidad para con nuestras tierras. También a la diosa Ceres por dar nombre a la familia de los cereales a los cuales pertenece el arroz.

El trabajo de la agricultura es duro a la vez que agradecido porque te invita a estar en contacto con la naturaleza. Los pies en el suelo, o fango, y la mirada siempre puesta en el futuro, sin olvidar el pasado y el presente. Cada día cuenta y en Illa de Riu somos conscientes de ello. Paso a paso conseguimos que nuestras semillas se conviertan en planta y produzcan otras semillas destinadas a ser producto gastronómico. Mimo en el proceso para conseguir los mejores “retoños” posibles.

Feliz final de verano en Illa de Riu.

Cosech. Lineas

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Una canción del irreverente Pau Riba nos viene a la cabeza en esta época del año en la que estamos. Los arrozales rebosan de verdor y de vida. Exuberancia y alegría. El trabajo arduo de todo un año se juega en agosto y septiembre, a una sola baza. Ya no hay marcha atrás.

 

En Illa de Riu, anhelamos la llegada del agosto porque podremos hacer balance del trabajo anual. Los tractores comenzarán a correr por nuestros campos como chiquillos felices de no ir a la escuela. Sentimiento jovial y de ganas de algunas travesuras que fomenten nuestra creatividad sin hacernos menguar un ápice de la calidad con la que nos gusta trabajar.

 

Comenzará la siega, irreverencia, con la que acabaremos el ciclo anual. Sacrificio que nos permitirá seguir ofreciendo nuestros arroces, entre ellos nuestro apreciado Arroz Bomba Illa de Riu, que se acomodará, dentro de unos meses, en los paladares más selectos y atrevidos.

 

El verano nos recuerda a Cançó 7a en colors. Nuestros campos son como la cabeza del genialérrimo y pillo Pau Riba. Alegres y llenos de vida. Aquí os dejamos con un fragmento de la letra de su canción para ilustrar cómo sentimos nosotros ahora que ya estamos allí donde no es posible recular.

 

Sin más dilaciones, Cançó 7a en colors. Al menos un fragmento vertido al castellano.

 

“Ha llovido sobre mi cabeza
y ha crecido hierba muy fresca.
He salido a pasear
la testa etá florecida y verde.
Porque también se han hecho flores
como si yo fuera una jarra.
Después ha salido el sol
y he sentido olor de tierra.
Fíjate yo, qué cabeza más verde,
qué envidia, qué envidia.
Mariposas y pajaritos
se posan en ella, y las abejas.
Fíjate yo, qué cabeza más verde,
qué envidia, qué envidia.”*

 

*Traducción al castellano del Fragmento de la canción de Pau Riba, “Cançó 7a en colors”.

11 de Agosto de 2017

Mas Illa de Riu y Casa Cusa

Agosto es calor y nocturnidad. Noches eternas plagadas de estrellas acompañadas de risas entre amigos. En el Delta del Ebro las puestas de sol sonrojan el Monte Caro, y ver tal espectáculo desde la playa de los Eucaliptos es una experiencia tan impactante como casi indescriptible. El tiempo se ralentiza por unos segundo y de repente el sol es engullido fundiendo a azul oscuro todo el manto celeste. Entonces el tiempo se para. Algunos padecen el síndrome de Stendhal, otros aprovechan para besarse ante tal espectáculo, mientras los más pequeños quizás prefieran seguir disfrutando en el agua ajenos a la trascendencia.

 

Mas Illa de Riu y Casa Cusa son dos alojamientos ideales para poder disfrutar de este turismo rural y sostenible en un entorno incomparable y con una tranquilidad y sencillez envidiables.  Saldrá la luna y las noches se envolverán de melodías y actividades que añadirán dosis de alegría a los grados centígrados del verano.

 

No sólo hay Fiestas Mayores en las cuatro comarcas de les Terres de l’Ebre, también hay propuestas  intimistas y de turismo cultural. Les nits a la Baranova, en Tivissa con propuestas sinfónicas. Las Jornadas Musicales de la Ermita de Ulldecona, de lo más cool. Riumar Tapas Tour, en Riumar para degustar los sabores autóctonos del Delta. Nits d’Estiu a l’Estació d’Ulldecona tejidas de música de autor muy intimistas… Y muchas propuestas más que podrás encontrar en la agenda cultural de surtdecasa edición Baix Ebre o en la revista digital routecru.

 

Sumérgete en el verano con Illa de Riu.

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Es época de ver emerger espigas, inflorescencias que dormitaban latentes en el tallo y que ahora se despliegan preñadas de granos de arroz que ya están comenzando a ver luz en Illa de Riu.

 

Espiga, símbolo de la abundancia en aquellas sociedades que basaban su estilo de vida en la agricultura. Ceres, la diosa de la mitología romana era relacionada con las espigas por ser ella, considerada diosa de la agricultura, las cosechas y la fecundidad.

 

Muchos países, provincias y ciudades abundantes en mieses tienen como símbolo la espiga. Así, en Italia, España y en muchas regiones de África, por ejemplo, hacen uso de las espigas como emblema, porque cuando éstas emergen la vida se convierte en algo exuberante. Porque cuando hay espigas no hay hambrunas; porque en definitiva la espiga es la culminación de la posibilidad de una nueva vida.

 

En Illa de Riu las espigas ya brotan y, con ellas, una nueva cosecha única que mimaremos como si fuésemos la diosa Ceres y nuestros arroces sus retoños.

 

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Las olas del mar, con su vaivén, acunan a los bañistas en estos meses de intensa calor. El arroz también se mece con el viento imitando las olas y el viaje que lleva a los turistas hasta la punta del Delta del Ebro se convierte en una procesión simbólica. Un viaje iniciático hacia un paraíso natural y todavía virgen.

Es verano y los pueblos de les Terres de l’Ebre están de fiesta. Primero fue el Mónfilmat, ahora Deltebredansa, después las fiestas del Renacimiento de Tortosa. También el festival de música, Eufònic, en el Montsià y un sinfín de fiestas tradicionales que llenan de alegría y de vida las callejuelas de cada uno de los pueblos; por supuesto en dichas fiestas son típicas las paellas de marisco o de verduras, también de carne.

Turismo cultural o turismo festivo en el que muchos familiares que viven lejos de nuestras tierras volverán para visitarnos. Un reencuentro en el que también será posible disfrutar de la naturaleza con la fauna y vegetación del Delta y el frescor del Monte Caro.

Verano es también una buena estación para practicar el agroturismo. Mas Illa de Riu con capacidad para 15 personas y Casa Cusa con capacidad para 5 os permitirán disfrutar de una estancia tranquila rodeados de la naturaleza del Parque Natural del Delta del Ebro y con vistas al Parque Natural de los Puertos de Beceite.

Mas Illa de Riu y Casa Cusa, un gran plan para el verano.

 

 

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El Delta del Ebro es una zona de tránsito. Sus condiciones geográficas y medioambientales lo convierten en un hábitat ideal no sólo para turistas, sino que también para aves migratorias que tendrían su residencia principal o su secundaria en estas tierras que son reserva Natural de la Biosfera.

El clima temperado del mediterráneo sirve de refugio para aquellas aves que no soportan el clima frío del invierno. Muchas de estas aves llegan en primavera o verano y marchan cuando empiezan a bajar las temperaturas en otoño.  Muchas de estas aves llegan al Delta para nidificar y reproducirse.

Bandadas de Flamencos, con su elegante porte, tiñen de rosa las tierras maridadas con el verde de los arrozales. Gaviotas, charranes, garzas blancas e imperiales o la cigüeñuela común son algunas de las muchas aves que nos visitan durante esta época y que enriquecen nuestro territorio a nivel ornitológico.

El arroz de Illa de Riu ya empieza a mirar hacia el cielo. Su verticalidad quizás responda al deseo de ver más de cerca la elegancia de los flamencos. La belleza del delta del Ebro en verano es majestuosamente natural.

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