parque natural Delta del Ebro

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Reflexión sobre el tempo. Llegado el otoño y acabada la siega el compositor veneciano Antonio Vivaldi establecería para esta estación tres tempos, a saber: Allegro, Adagio molto y regreso al Allegro.

El primero de estos tempos podría corresponderse con el trabajo de la misma siega del arroz. Momento crucial en el que un ritmo alto se impone. La constante ida y venida de los tractores y de los trabajadores van desnudando el campo de las espigas que antes lo velaban.

Luego, casi de repente, llegaría el Adagio molto, la ralentización necesaria del mundo en el que las fotografías parecerían paralizar los relojes, congelar la cotidianeidad. El campo cansado haría el holgazán durante un periodo para poder recuperar sus fuerzas y ganas de parir más arroz. Desnuda la tierra comenzaría a quebrarse para luego resurgir con más fuerza.

Regreso al Allegro. Vivaldi entiende que una ralentización sería necesaria en un inicio. Sin embargo, después habría que volver a moverse. Las temperaturas bajas se combaten con el movimiento. A parte, el trabajo en el campo requiere respetar los tiempos de la tierra. El campesino habría de estar pendiente de ésta para asegurar su buen progreso y descanso. El campesino siempre está al pie del cañón y después de un tiempo de recogimiento volvería con más energías.

Arroz Illa de Riu baila al compás de Vivaldi, porque respetar los tempos hace que los arroces sean más gustosos y de calidad. Adagio y Allegro, compartimos nuestro otoño con ustedes.

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Es época de ver emerger espigas, inflorescencias que dormitaban latentes en el tallo y que ahora se despliegan preñadas de granos de arroz que ya están comenzando a ver luz en Illa de Riu.

 

Espiga, símbolo de la abundancia en aquellas sociedades que basaban su estilo de vida en la agricultura. Ceres, la diosa de la mitología romana era relacionada con las espigas por ser ella, considerada diosa de la agricultura, las cosechas y la fecundidad.

 

Muchos países, provincias y ciudades abundantes en mieses tienen como símbolo la espiga. Así, en Italia, España y en muchas regiones de África, por ejemplo, hacen uso de las espigas como emblema, porque cuando éstas emergen la vida se convierte en algo exuberante. Porque cuando hay espigas no hay hambrunas; porque en definitiva la espiga es la culminación de la posibilidad de una nueva vida.

 

En Illa de Riu las espigas ya brotan y, con ellas, una nueva cosecha única que mimaremos como si fuésemos la diosa Ceres y nuestros arroces sus retoños.

 

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Las olas del mar, con su vaivén, acunan a los bañistas en estos meses de intensa calor. El arroz también se mece con el viento imitando las olas y el viaje que lleva a los turistas hasta la punta del Delta del Ebro se convierte en una procesión simbólica. Un viaje iniciático hacia un paraíso natural y todavía virgen.

Es verano y los pueblos de les Terres de l’Ebre están de fiesta. Primero fue el Mónfilmat, ahora Deltebredansa, después las fiestas del Renacimiento de Tortosa. También el festival de música, Eufònic, en el Montsià y un sinfín de fiestas tradicionales que llenan de alegría y de vida las callejuelas de cada uno de los pueblos; por supuesto en dichas fiestas son típicas las paellas de marisco o de verduras, también de carne.

Turismo cultural o turismo festivo en el que muchos familiares que viven lejos de nuestras tierras volverán para visitarnos. Un reencuentro en el que también será posible disfrutar de la naturaleza con la fauna y vegetación del Delta y el frescor del Monte Caro.

Verano es también una buena estación para practicar el agroturismo. Mas Illa de Riu con capacidad para 15 personas y Casa Cusa con capacidad para 5 os permitirán disfrutar de una estancia tranquila rodeados de la naturaleza del Parque Natural del Delta del Ebro y con vistas al Parque Natural de los Puertos de Beceite.

Mas Illa de Riu y Casa Cusa, un gran plan para el verano.

 

 

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El Delta del Ebro es una zona de tránsito. Sus condiciones geográficas y medioambientales lo convierten en un hábitat ideal no sólo para turistas, sino que también para aves migratorias que tendrían su residencia principal o su secundaria en estas tierras que son reserva Natural de la Biosfera.

El clima temperado del mediterráneo sirve de refugio para aquellas aves que no soportan el clima frío del invierno. Muchas de estas aves llegan en primavera o verano y marchan cuando empiezan a bajar las temperaturas en otoño.  Muchas de estas aves llegan al Delta para nidificar y reproducirse.

Bandadas de Flamencos, con su elegante porte, tiñen de rosa las tierras maridadas con el verde de los arrozales. Gaviotas, charranes, garzas blancas e imperiales o la cigüeñuela común son algunas de las muchas aves que nos visitan durante esta época y que enriquecen nuestro territorio a nivel ornitológico.

El arroz de Illa de Riu ya empieza a mirar hacia el cielo. Su verticalidad quizás responda al deseo de ver más de cerca la elegancia de los flamencos. La belleza del delta del Ebro en verano es majestuosamente natural.